09 Abr 09:51h
En tiempos de crispación y en una materia tan controversial como las regulaciones ambientales en relación con la minería, que hubiera unanimidad entre los seis diputados sanjuaninos a la hora de votar la modificación de la Ley de Glaciares es todo un dato. La primera pregunta política para hacerse es quién ganó. O quién se puede atribuir la victoria.
No hay una sino varias respuestas.
En principio, el gobierno de Javier Milei se puede anotar el triunfo parlamentario, con el viento de cola que le quedó de las elecciones de 2025, pero fundamentalmente por el pacto con los gobernadores cordilleranos que le venían pidiendo un remedio a esa ley tan restrictiva del año 2010.
Entonces, Milei y la patria libertaria podrán decir: domados los mandriles. VLLC.
También Marcelo Orrego podrá exhibir el resultado como una victoria política propia, en tanto y en cuanto el gobernador le puso el cuerpo al debate tanto en el Senado como en Diputados. Sentó posición de manera indubitable. Se encargó de hacer saber, a diestra y siniestra, que era uno de los promotores de la iniciativa.
En esa línea, tomaron la palabra los dos diputados orreguistas: Nancy Picón y Carlos Jaime. Confrontaron con la oposición. Hubo picoteo con la izquierda. La decisión fue ir a fondo, sin disimulo.
Orrego envió un claro mensaje a los mercados con potencialidad de inversión minera. Ese mensaje fue que San Juan sigue siendo una tierra amigable con la minería, aunque haya resistencia desde otras latitudes.
Tiene sus bemoles esta apuesta tan explícita. Esta ley no era la aspiración inicial del gobierno orreguista. La pretensión original era que Milei firmara un decreto reglamentario. Un decreto les hubiese ahorrado el desgaste público que significó el tránsito por el Congreso.
Un alto funcionario sanjuanino reconoció delante de este periodista que, efectivamente, Milei puso a los gobernadores en este brete: si quieren reformar la Ley de Glaciares, que pongan algo de su parte. De paso, queda la deuda política por pagar.
¿Por qué? Porque Milei impulsó la modificación que los gobernadores anteriores, José Luis Gioja y Sergio Uñac, habían pedido a Nación sin tener eco. Modificar la Ley de Glaciares siempre fue y será un tema incómodo e impopular fundamentalmente en los alrededores del Río de la Plata.
El peronismo merece un párrafo aparte. Los dos diputados alineados con Uñac, Cristian Andino y Jorge ‘Koki’ Chica, no dieron quórum pero luego votaron al unísono con los libertarios y los orreguistas.
Ingrata posición les tocó a Andino y Chica, porque el resto de su bloque Fuerza Patria se puso en frente de la reforma a Glaciares. Estaba servido en bandeja: votarle en contra a Milei y defender las reservas de agua contra el avance de las grandes corporaciones.
Pero Andino y Chica no podían subirse a la posición dominante en su bloque. Lo dijo el mismo Chica el pasado lunes en Pelado Stream. No podían desconocer su posición histórica. Desde Gioja hasta Uñac fueron gobernadores defensores de la minería y ambos entendieron que la Ley de Glaciares, como estaba, era un obstáculo a la seguridad jurídica.
Un dilema: ser consecuentes y coherentes con la historia o ser consecuentes y coherentes con la posición del interbloque opositor a Milei. Terminaron votando con los libertarios y los orreguistas con el mayor disimulo posible. Sin facilitar el quórum y sin hacer uso de la palabra.
Imitaron la actitud de Uñac en el Senado y dejaron sola a la senadora camporista Celeste Giménez Navarro, la única de los sanjuaninos que votó en contra de los cambios a la Ley de Glaciares. El resto, sin distinción de partido, lo hizo a favor.
La postura de Andino y Chica no solo se explica desde su alineamiento con Uñac y el respeto a la posición histórica del peronismo sanjuanino. También se justifica por la proximidad de las elecciones en 2027. Votar en contra de la minería puede ser muy impopular en San Juan.
Cuando se aplaque la tempestad ambientalista, podrán decir que votaron en defensa de los intereses de la provincia. Y que los controles locales, con el apoyo de las universidades, deberían bastar para garantizar la supervivencia de los cuerpos congelados.
Y no, esta vez no se pudo jugar a dos puntas. Nuevamente vale echar mano de la sabiduría popular: no se puede quedar bien con Dios y con el Diablo.
PELADO STREAM
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