27 Ago 09:35h
Decía días atrás un colega periodista que Marcelo Orrego tiene un activo que tal vez no se haya visibilizado lo suficiente: no tiene quién lo desafíe puertas adentro de su espacio político. Y esto, que en cualquier gobierno debería ser lo natural, no siempre funciona así. A veces empieza sentirse el ‘síndrome del pato rengo’.
Este ‘síndrome’ aparece cuando el dirigente en cuestión ya no tiene horizonte de continuidad. Entonces, su entorno empieza a moverse por la sucesión. Dicho en otros términos: conspiración.
Orrego no solo está habilitado para ir por la reelección sino que, políticamente, no tiene ningún rival interno que pueda hacerle sombra.
Puede sonar obvio, no lo fue durante los primeros meses de gestión cuando algunos agitaban el fantasma de la interna sofocada con Fabián Martín. El vicegobernador demostró que está dispuesto a allanarse al plan. Y el plan es Orrego.
Y si Martín no tiene pretensiones de sucesor, mucho menos podría entusiasmarse cualquier otro. Es una cuestión de instalación.
A decir verdad, Orrego goza de este presente de alineamiento y disciplina absolutos, en buena medida, porque está transitando su primer mandato sin grandes sobresaltos. Y eso, en un país atravesado por la crisis, no es poca cosa.
Hay algunos parámetros para medir la tranquilidad, como la transferencia de mayorías dentro de la Legislatura -o el achicamiento de la oposición-, los acuerdos salariales con todo el arco sindical y la convivencia que, con matices, se pudo establecer con los intendentes peronistas.
La pregunta a continuación es, tal vez, la más filosa de todas: ¿podrá un gobernador no peronista alcanzar la reelección como no sucede desde el regreso de la democracia?
Solo el bloquismo consiguió la continuidad, trocando a Leopoldo Bravo por Carlos Enrique Gómez Centurión en 1987. De ahí en adelante, solo fueron reelectos los justicialistas Jorge Escobar, José Luis Gioja y Sergio Uñac.
El cruzdista Alfredo Avelín fue destituido y cuando su vice bloquista, Wbaldino Acosta, intentó validarse con el voto popular en 2003, quedó en tercer puesto.
Entonces el 2027 presentará ese interés adicional, referido a la posibilidad de que un gobierno no peronista pueda ser más que un puente entre dos gestiones justicialistas.
A decir verdad, Orrego tiene la oportunidad de ir por dos reelecciones, porque está vigente todavía la enmienda constitucional que impulsó Gioja e intentó utilizar Uñac, luego impedido por la Corte Suprema.
Orrego asumió con la promesa de volver la Constitución Provincial a su redacción original, para que el gobernador solo pueda quedarse ocho años en el poder y luego haya recambio.
Hoy Orrego cuenta con la posibilidad constitucional de proyectarse hasta el 2035.
Está pendiente la reforma electoral, que el Ejecutivo tiene demorada a la espera de ver cómo decanta lo nacional. Pero la enmienda constitucional no será parte de esa discusión. No ahora.
Para pasar en limpio el Código Electoral, Orrego se apoya también en esta verticalidad donde los aliados PRO, ACTUAR, Dignidad Ciudadana, UCR y ahora también el Bloquismo, están dispuestos a acompañar aunque el texto final no sea el que más les guste.
Si olfatearan cualquier indicio de debilidad, ese acompañamiento no sería tan manso.
El 2027 será una prueba. Un test fundamental para sopesar la potencia de Orrego luego de sus primeros cuatro años. Si supera esa instancia, habrá demostrado que puede consolidar un nuevo ciclo de largo plazo.
¿Y si no sucede? Siempre estará latente esa posibilidad. Hay una infinidad de factores que se superponen y condicionan la reelección de Orrego.
Hay que mencionar su dependencia de Javier Milei por razones institucionales y políticas también. Desde lo institucional, es el presidente quien establece las reglas que le tocan a la provincia. Desde lo político, es el polo que rivaliza con el peronismo y Orrego está forzado a entenderse de alguna manera para no quedar boyando en el medio.
Y hay que mencionar también el ímpetu del peronismo, un partido que no nació para ser oposición. No se siente cómodo como oposición luego de haber gobernado la provincia durante 20 años consecutivos.
Llegará el momento en que el PJ deba presentar su candidato y confrontar como no lo hizo hasta ahora con Orrego. Ese combate dejará heridas, inevitablemente.
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