01 May 13:00h
Este 1 de mayo, mientras muchos celebran los logros laborales, la historia de los hermanos Micaela e Iván Fernández nos obliga a ponerle rostro y humanidad a una realidad cruda: la de aquellos que no eligieron trabajar, sino que lo hicieron para sobrevivir. Entrevistados por Daniel Tejada en Pelado Stream, estos hermanos sanjuaninos compartieron un relato de abandono, hambre y una resiliencia inquebrantable que comenzó cuando apenas eran unos niños.
La vida de los Fernández cambió «de un día para otro» cuando su madre se marchó, dejándolos solos en su casa. Eran seis hermanos en total; Micaela tenía apenas 13 años y el más pequeño ni siquiera llegaba al año de vida. De la noche a la mañana, Micaela tuvo que asumir el rol de madre: «Llevarlo a las escuelas, darle de comer, todo». Mientras tanto, Iván, con solo 12 años, tomó una decisión que marcaría su infancia: salir a la calle.
«Como ví que no estaba mi mamá en mi casa y no había para comer, tuve que buscar plata para traer así para que ella hiciera de comer», relató Iván con una sencillez que estremece. Sin que nadie se lo pidiera, se paró en los semáforos de la Benavídez y Cipolletti, en Chimbas, para limpiar vidrios y cuidar autos.
«El vicio mío era comprarme golosina. Si me sobraba, me compraba un poco golosina y nada más», recordó, aunque su verdadera prioridad siempre fue el hambre de sus hermanos: «Los niños lloraban porque tenían hambre. Entonces él decía, hermanitos, ‘Ya vengo’… y de allá venía y yo les hacía la sopa», relató Micaela
Trabajar siendo un niño no solo fue un esfuerzo físico, sino una lucha constante contra el miedo. Iván recordó que debió esconderse del «102» (el servicio de protección de menores), a quienes temía como si fueran la policía por miedo a ser separado de su familia. «Teníamos mucho miedo porque ya nos habían asustado… siempre que nos veíamos nos escondíamos en algún basurero, nos metíamos en todos lados», confesó Micaela.
A pesar de haber crecido en un entorno de abusos, carencias y un padre ausente al que creyeron muerto durante 18 años por una mentira materna, los hermanos no bajaron los brazos. Iván, tras superar cinco años de adicción a las drogas por voluntad propia —«La dejé yo solo… estoy limpio de todo»—, hoy se dedica a la jardinería y espera con ilusión el nacimiento de su hijo, prometiéndole un futuro diferente: «No voy a hacer lo que mi papá hizo con nosotros… No quiero que él pase las cosas que yo he pasado».
Por su parte, Micaela se ha convertido en una emprendedora autodidacta. Aprendió a hacer manicura viendo tutoriales en YouTube y ahora sueña con abrir su propio puesto de comidas. Para ellos, el trabajo, aunque fue un «sacrificio enorme» en la niñez, hoy representa la dignidad y la esperanza de una vida mejor.
«El trabajo es algo hermoso, es parte de la vida, porque si no tenés trabajo, lamentablemente vivís mal», reflexionó Iván. El sueño de ambos ahora es reunir el dinero suficiente para viajar a Bahía Blanca y reencontrarse con su padre biológico, cerrando así una historia marcada por las «malas cosas» que los persiguieron en su tierra natal.
Al cerrar la entrevista, dejaron un mensaje para quienes hoy atraviesan momentos difíciles: «No hay que perder la fe, hay que seguir adelante… No solamente estamos mal nosotros económicamente, hay mucha gente que incluso puede estar peor, pero no hay que bajar los brazos». La historia de Micaela e Iván es un recordatorio de que, incluso desde el barro del abandono, el trabajo y el amor entre hermanos pueden construir un camino hacia la luz.
PELADO STREAM
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