05 Ene 08:37h
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, generó una fuerte alarma internacional al sugerir que Colombia y Groenlandia podrían ser los siguientes objetivos de su administración tras el operativo militar en Caracas que derivó en la captura de Nicolás Maduro.
Durante una serie de declaraciones ofrecidas entre el 3 y el 5 de enero de 2026, el mandatario estadounidense calificó a Sudamérica como un «vecindario enfermo» y no descartó una intervención en territorio colombiano similar a la ejecutada en Venezuela. Al ser consultado sobre si planeaba una operación táctica contra el gobierno de Gustavo Petro, Trump respondió de manera tajante: «Eso suena bien para mí».
La retórica contra el gobierno colombiano escaló cuando Trump acusó directamente a Petro de permitir el funcionamiento de «fábricas de cocaína» y le advirtió que debía «cuidarse el trasero».
El líder republicano sostuvo que la situación en el país andino «no va a durar mucho más tiempo» y confirmó la suspensión de toda ayuda económica debido a la supuesta falta de resultados en la lucha antidrogas.
Por su parte, el presidente Gustavo Petro rechazó las acusaciones, las calificó de calumnias y exigió respeto para su nación, al tiempo que ordenó el despliegue de tropas en la frontera y solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU.
En paralelo, Trump reavivó su intención de anexar Groenlandia, territorio autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca, bajo el argumento de «seguridad nacional».
El mandatario afirmó que Estados Unidos necesita la isla estratégicamente para contrarrestar la presencia de barcos rusos y chinos en el Ártico. Esta postura se vio reforzada por publicaciones en redes sociales de figuras cercanas a la Casa Blanca, como Katie Miller, quien difundió una imagen de la bandera de Groenlandia con las estrellas de la bandera estadounidense bajo el texto «PRONTO», lo que aumentó la tensión diplomática con Europa.
La respuesta desde Copenhague fue inmediata y contundente. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, instó a Washington a poner fin a las «amenazas» sobre un aliado histórico y recordó que Groenlandia no está en venta.
Asimismo, el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, calificó de irrespetuoso que se vinculara a su país con la intervención militar en Venezuela. Organizaciones internacionales y líderes europeos advirtieron que estas declaraciones vulneran el derecho internacional y la soberanía de los Estados, marcando un inicio de año de alta volatilidad geopolítica.
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