Brasil obliga a repensar el análisis electoral en Argentina

09:22h

El inesperado resultado del balotaje brasileño debería forzar un rediseño del análisis electoral en Argentina. Es afirmación. Sin embargo, hay que aplacar las pasiones para identificar, muy preliminarmente, las categorías que pudieron torcer el resultado que parecía cantado y no sucedió.

El batacazo de Lula da Silva, que conquistó 10 millones de votos más que en primera vuelta y derrotó al ultraderechista Flávio Bolsonaro este domingo, demostró que las olas internacionales no son todopoderosas, que la influencia de Estados Unidos tampoco, que los oficialismos sí pueden reelegir y que las encuestas -perdón consultores- siempre pueden pifiar cuando las proyecciones son tan ajustadas y los escenarios, tan polarizados.

Sería una torpeza trasladar el molde brasileño a la Argentina, porque siempre habrá particularidades distintivas entre los dos mayores socios del Mercosur. Sin embargo, en el análisis de las diferencias aparecen los datos.

Primero, la influencia internacional. Javier Milei llegó al poder en 2023 prácticamente solo, como un outsider que medio alimentó el peronismo/massismo para restarle votos al PRO y se les fue de las manos. Desde el gobierno, el presidente anarcocapitalista rápidamente sintonizó con la Casa Blanca e Israel y ese alineamiento le sirvió para obtener algunos beneficios políticos y financieros.

El más grosero de todos fue la intervención estadounidense en las elecciones legislativas de 2025, cuando Donald Trump le ordenó al secretario del Tesoro, Scott Bessent, que invirtiera unos 20.000 millones de dólares en bonos argentinos. Esa inyección de divisas le permitió a Milei detener una corrida cambiaria y dar vuelta una derrota inminente.

Desde entonces, Milei se convirtió en el líder que mejor encarnó los intereses de EEUU en esta parte del mundo. Se atribuyó a sí mismo el efecto contagio sobre Chile, Bolivia, Perú y Colombia. Una suerte de «rayo derechizador» para combatir el avance de la izquierda. Cuando intentó hacerlo en Brasil, se encontró con su Waterloo. Sépase entender la metáfora algo exagerada.

El mayor patrocinador político de los Bolsonaro no fue Milei, de todos modos, sino el propio Trump. Brasil demostró que los vientos exteriores tienen un límite. Llega un tiempo, tarde o temprano, en que las lógicas territoriales definen.

Lula, octogenario, quebró la racha de oficialismos latinoamericanos derrotados. Y ese dato también es revelador para la Argentina. Aunque parezca contradictorio, compararlo con Milei, en ese punto son coincidentes. Cada uno en su propio extremo, absolutamente enfrentados, aún así ambos son gobierno.

Por supuesto hay una enorme distancia entre los modelos y los resultados económicos de uno y otro, fundamentalmente en lo relativo al bienestar de las familias trabajadoras. Pero comparten el estatus de oficialismo y para votar en Argentina todavía falta un año.

Las primeras lecturas sobre el balotaje brasileño ponen el acento en la polarización. Es decir, que si los Bolsonaro actuaron a lo Milei, también lo hizo Lula. El presidente focalizó su campaña, particularmente este último tramo, en azuzar el antibolsonarismo. Lo convirtió en una cuestión rango mayor. Si ganaba Bolsonaro, eso directamente implicaba un atentado a la democracia.

La polarización ideológica se convirtió en una polarización afectiva. Los brasileños ya tuvieron a un Bolsonaro en el poder entre 2019 y 2023. Fue Jair Bolsonaro quien intentó impedir la asunción de Lula en 2023 con un asalto violento al Palacio del Planalto y hoy purga condena por aquel atentado.

Hoy la oposición argentina tiene una cantidad de elementos para identificar a Milei con ese temperamento bolsonarista. El presidente argentino se encargó de identificarse a muerte con la ultraderecha de Jair, Eduardo y Flávio. Diga lo que diga, en adelante, quedará enfrentado con Lula y, por lo tanto, asociado al equipo perdedor.

Lo que le falta a la oposición es un Lula. Tal vez la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner pudiera jugar en esa liga, pero está inhibida por la sentencia de la causa Vialidad. Todos los otros dirigentes en danza tendrán la potencialidad de ser. Todavía no sucedió.

Así como las encuestas equivocaron las proyecciones en primera vuelta, cuando daban un resultado muy ajustado pero siempre con Lula arriba de Bolsonaro, sucedió lo mismo en la víspera del balotaje. Daban números muy estrechos, pero siempre Flávio arriba.

Sería injusto perseguir a los consultores. En todo caso, habrá que tomar nota acerca de la complejidad que presentan los electorados a punto tal de volverse indescifrables. Sobre todo cuando cada vez se vota más con el corazón que con la razón. Y cada vez pesa más el voto anti.

Ganó Lula o el antibolsonarismo. En Argentina jugarán el antimileismo contra el antiperonismo. Mucho cuidado con jugar apuestas.

PELADO STREAM

Daniel Tejada
hola@peladostream.com.ar
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