26 Oct 07:15h
En una entrevista íntima con Celeste Williner, Ignacio Mon abrió las puertas de su universo personal y profesional. Con una trayectoria que combina el oficio artesanal de la peluquería, el diseño de imagen y una ascendente presencia digital, el estilista repasa las etapas clave de su vida: desde sus primeros cortes infantiles en el departamento de Pocito hasta su consagración en las pasarelas porteñas y su proyección hacia los medios masivos.
La vocación de Ignacio Mon surgió de manera temprana en el seno familiar. «Soy peluquero desde chiquitito», confiesa con orgullo al rememorar sus orígenes en el departamento sanjuanino de Pocito. La figura determinante en ese despertar fue su abuela, quien no encontraba a nadie que le cortase el cabello. Ante esa necesidad, la mujer decidió transmitirle sus conocimientos al niño cuando él tenía apenas ocho años.
Aquella enseñanza doméstica derivó de inmediato en una práctica escolar singular. Durante los recreos, sus maestras le pedían pequeños retoques en las puntas con la convicción de que sus manos poseían un don especial. Entre risas, Mon evoca cómo las docentes aseguraban que el pelo crecía con mayor rapidez tras su toque, motivo por el cual lo apodaron «Santa Crecimiento».
Su ingreso formal al rubro ocurrió en la peluquería de barrio de Silvia Torres, para luego dar el salto al salón de Miguel Ángel Alexia. Allí, un contacto desde Buenos Aires fue el detonante para una decisión vertiginosa: tras la propuesta recibida un viernes, el lunes siguiente ya emprendía el viaje hacia la capital argentina con la meta fija en perfeccionar su técnica.
De las pasarelas porteñas a las pantallas de Times Square
Al llegar a Buenos Aires, el instinto y la destreza previa le abrieron las puertas de forma inmediata. Tras una prueba express, le anunciaron: «Mañana empezas». Así comenzó una etapa de aprendizaje continuo en firmas de renombre como Serini y Leo Paparella, donde asimiló el rigor técnico del corte y el color.
Su talento lo llevó además a participar en producciones televisivas de alto perfil, entre ellas el gran certamen de baile televisivo del país, Corte y confección y diversos proyectos de la productora La Flia. No obstante, una de las alianzas más significativas de su carrera fue junto a la diseñadora Verónica de la Canal. Con ella no solo fortaleció su criterio estético en desfiles de alta costura, sino que alcanzó un hito internacional: el peinado de toda la colección exhibida en las pantallas gigantes de Times Square, en Nueva York.
Pese a las oportunidades en la metrópoli, el arraigo a su tierra natal permaneció intacto. «Soy re San Juanín, positano, nacido ahí en medio de Pocito entre la cebolla y el ajo», manifiesta. Aunque reconoce cierta dificultad para adaptarse al ritmo más pausado de San Juan y a la tradicional hora de la siesta, su regreso respondió al deseo de hallar tranquilidad para desplegar su propio proyecto profesional.
De las plazas al fenómeno «Mujeres Reales»
En la búsqueda constante de innovación, Ignacio Mon halló en las plataformas digitales un canal idóneo para conectar con el público. De manera autogestiva, impulsó dinámicas en la vía pública donde aborda a transeúntes en plazas para ofrecerles cambios de imagen instantáneos. Su propuesta incluye diagnósticos de visajismo, lectura de colorimetría y transformaciones completas de corte y maquillaje.
Más allá de la transformación estética, su sensibilidad lo motivó a crear el ciclo Mujeres Reales, un espacio audiovisual orientado a visibilizar historias profundas antes del cambio de look. A través de este proyecto, conoció a mujeres que superaron situaciones extremas, como una joven sobreviviente a 32 puñaladas, una madre con pérdida de visión o mujeres en duelo por la partida de sus hijos.
En el trato profesional con su clientela —donde destacan de manera amplia «las chicas mayores»—, el estilista sostiene una firme ética de trabajo. Prioriza la salud capilar por encima de las exigencias desmedidas: «Una cosa es lo que vos querés y otra cosa es lo que tu pelo puede», explica al detallar los motivos por los cuales rechaza trabajos que comprometan la calidad de la fibra. Esta postura profesional genera en ocasiones el enojo de algunos clientes, un aspecto que asume con madurez: «No a todas les voy a gustar y mi estilo es solamente para la gente que le gusta».
El sillón como diván, la energía del cabello y la intimidad
En el ámbito cotidiano del salón, las sesiones de dos o tres horas convierten al sillón de peluquería en un verdadero diván terapéutico. Allí, las clientas comparten vivencias personales, dilemas familiares y procesos de duelo afectivo. Para Mon, el cabello posee una carga mística y karmática innegable: las modificaciones drásticas de corte o flequillo suelen marcar el cierre definitivo de etapas o separaciones de pareja. En su rutina aplica incluso pequeños rituales, como la despedida del cabello cortado en fechas específicas del año.
En el plano personal, el joven sanjuanino aborda su identidad y su sexualidad con total naturalidad. Asimismo, atraviesa una etapa de reconstrucción tras una ruptura sentimental reciente, mientras consolida su melena larga como un sello distintivo de su marca personal. Frente a los comentarios negativos o críticas en redes sociales, elige responder con soltura para dinamizar la interacción de los usuarios en sus perfiles.
Sueños de televisión, IA y proyección internacional
En cuanto a sus proyectos a futuro, Mon combina metas ambiciosas con herramientas de la era digital. Revela que recurre con frecuencia a la Inteligencia Artificial (ChatGPT) como una guía de consulta profesional e introspectiva antes de tomar decisiones estratégicas.
Entre sus anhelos estéticos manifiesta el deseo de peinar a figuras de gran alcance público como Beyoncé o la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner, a quien valora por su elegancia e impacto en la moda. Sin embargo, su objetivo inmediato se enfoca en dar el salto definitivo hacia los medios tradicionales: «Quiero ir para los medios, quiero dedicarme a estar en la tele», enfatiza con la mirada puesta en roles de panelista, movilero o comunicador especializado en estilo e identidad.
Con planes latentes de explorar el mercado europeo o estadounidense, Ignacio Mon continúa su camino firme en San Juan, guiado por la convicción de que la belleza exterior es solo el reflejo de la energía y la historia de cada persona.
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