25 Ago 09:23h
Según las crónicas porteñas, en la extensa reunión de gabinete de este lunes en la Casa Rosada, Javier Milei dijo a sus ministros que no va a cambiar una coma del plan económico, no habrá ningún alivio que pueda interpretarse como ‘populismo’, aunque eso le cueste la reelección el año que viene.
Esto último es una interpretación periodística, pero no está alejada de los relatos que se multiplicaron en las horas posteriores.
Aquí en San Juan, como en el resto de las provincias, los oficialismos no peronistas tendrán que preguntarse: ¿qué van a hacer con Milei?
Por un lado, es el único dirigente capaz de rivalizar con el peronismo que está agazapado y con toda la potencialidad de regresar al poder el año que viene, en la medida en que crezca el descontento social con el ajuste perpetuo.
Pero, por otro lado, Milei sigue siendo Milei y se vuelve impermeable a los cambios incluso cuando estos cambios fueran puro instinto de supervivencia.
En palabras del dirigente radical sanjuanino Eduardo Castro, este lunes en Pelado Stream: ‘Si Milei niega la realidad, puede ser que esa realidad se lo lleve puesto’. Y los radicales, de gobiernos fallidos, saben mucho.
Habrá quienes le resten importancia a la definición de Castro. No sería inteligente ese menosprecio. No solo fue parte del gobierno de Mauricio Macri (vía Cambiemos) sino que sigue muy vinculado a la dirigencia nacional de la UCR.
El partido de Hipólito Yrigoyen, Arturo Illia y Raúl Alfonsín está lejísimo de ilusionarse con el regreso a la Casa Rosada. Por eso tiene que entenderse de alguna manera con Milei: por imperio de la polarización. Del otro lado está el peronismo.
Milei no se los hizo fácil desde el momento mismo en que confesó que boxeaba un muñeco de entrenamiento con una careta de Alfonsín.
Pero bueno, a tragar saliva y seguir adelante. Así nacieron los radicales con peluca que acompañaron en buena medida las leyes más importantes de este gobierno, desde la Ley Bases hasta el RIGI.
Aquí en San Juan la UCR tiene una dependencia directa de otro partido político, Producción y Trabajo, que lidera Marcelo Orrego. Será el gobernador quien defina la alianza en ciernes con los libertarios.
«Nosotros no vamos a ser un obstáculo en ese sentido», aclaró Castro. El pragmatismo le gana al principismo en los tiempos que corren.
El problema, a esta altura, es que Milei podría estar dispuesto a inmolarse por sus propias convicciones. En sus más recientes discursos, el presidente desconoció la delicada situación económica del país, el cierre de comercios y el desplome del consumo masivo.
A esa realidad se refirió Castro, como lo hubiera hecho cualquier otra persona despojada de fanatismo, cuando dijo que si el gobierno cierra los ojos y niega la realidad, ‘puede ser que esa realidad se lo lleve puesto’.
Aunque algunos radicales están alentando la aparición de un tercer espacio, a ejemplo del fallido Frente Provincias Unidas, no desconocen que la política argentina funciona con un péndulo que viaja a alta velocidad.
A eso obedeció la advertencia de Castro: «Yo no tengo nostalgia del kirchnerismo, yo no quiero volver allá». En la frase quedó implícito el reconocimiento de lo que puede suceder. La derrota de Milei sería la victoria del peronismo.
Dicho esto, vale retomar la pregunta original de esta columna: ¿qué van a hacer con Milei los gobernadores no peronistas?
Parece pronto para elaborar una respuesta cerrada. Por un lado, Milei monopoliza la conducción de un lado de la grieta. No quedó nadie más en pie, aunque Mauricio Macri haga algún intento por asomar.
Por otro lado, si Milei no reacciona y, como dijo Castro, la realidad se lo lleva por delante, posiblemente se lleve por delante a todos los que estén atados con él.
A esta altura, a punto de entrar al último cuatrimestre del año, la pregunta retumba: ¿qué van a hacer con Milei?
PELADO STREAM
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