05 Oct 10:01h
Hay dos caminos para observar a la dupla Carlos Munisaga-Fabián Gramajo. El primero -muy desaconsejable- es el menosprecio. El segundo es no perderles pisada, porque parecen resueltos a no allanarse al dedo de nadie.
Munisaga tiene destino cantado. Debe ir por la reelección en la Intendencia de Rawson. Pero eso no implica regalar nada. Es decir, aislarse en su departamento y mantenerse al margen de lo provincial. No sucederá.
A esa mirada que trasciende las fronteras de Rawson obedece la alianza política con Gramajo, explícita y oficializada hace algunas semanas en Pelado Stream por el propio Munisaga.
Entonces, el intendente de Rawson debe retener y consolidar su poder en el distrito más grande del Gran San Juan, pero al mismo tiempo está resuelto a tallar en lo provincial. Y para eso debe tejer alianzas.
Sucedió con Gramajo como no pasó con Fabián Aballay, a pesar la frontera compartida entre Rawson y Pocito. No es una cuestión de geografía sino de afinidades políticas y, fundamentalmente, coyuntura. Cada uno está en el lugar que la historia lo puso.
Aballay tiene vinculación directa con Sergio Uñac. Munisaga y Gramajo tienen diálogo con el senador, pero no le responden. A esta tensión le llaman, elegantemente, redefinición de liderazgos.
A diferencia de Munisaga, Gramajo tiene mayor libertad por no estar atado a un distrito. Pero necesita regresar a la función pública para evitar disiparse. En este contexto, el chimbero enfrenta tres escenarios con sus respectivos tres planes.
Plan A: volver a Chimbas como intendente, pero con Daniela Rodríguez al lado, como diputada. El acuerdo entre ambos resulta fundamental para evitar la dispersión del voto que mejore las posibilidades al concierto de adversarios que asoman por afuera del peronismo.
Nadie dijo que será fácil, toda vez que Rodríguez tiene la intención manifiesta de quedarse en el municipio. La diputación departamental, para cualquier intendente, es el premio consuelo. Para el intendente que tiene la chance de la reelección, la diputación departamental es un gesto de resignación.
Plan B: ¿y si Cristian Andino, que parece el precandidato a gobernador imbatible dentro del peronismo, se encuentra con algún impedimento y no puede competir? En este hipotético escenario, Gramajo no descarta que le pidan que salga a jugar en lo provincial, según dijo una fuente de su espacio.
La rivalidad de Andino y Gramajo sucedió en 2023 cuando ambos acompañaron como candidatos a vicegobernador a Sergio Uñac y a José Luis Gioja, respectivamente. Pero los dos vienen empujando por la renovación y se han sentado a conversar en más de una ocasión.
De hecho, compartieron campaña en 2025. Lo que suceda en adelante tendrá que pasar por el filtro de las negociaciones. Nada será gratuito, porque a nadie le sobra un gramo de nada.
Plan C: si no prospera lo municipal ni lo provincial, todavía quedará pendiente en un segundo turno la legislativa nacional, partiendo de la suposición de que Marcelo Orrego desdoble comicios.
Gramajo podría encontrar en una diputación nacional un sitio de proyección política para el 2031, que es la cita que muchos tienen entre ceja y ceja, no solo en San Juan sino también a nivel país.
El chimbero aceptó anotarse en el tercer lugar de la lista encabezada por Andino en 2025, en una posición nada expectante, solo por empujar el carro con sus votos chimberos.
Queda una última especulación, que podría entrar en la mesa de discusión: si Andino fuera el candidato a gobernador y le tocara ganar la elección, dejará vacante su banca de diputado nacional hasta 2029 y su reemplazante inmediato sería Gramajo, no Romina Rosas por una cuestión de paridad de género (hombre por hombre, mujer por mujer).
¿Alcanzaría ese argumento para conformar al chimbero y, por la vía indirecta, también a Munisaga?
Dirán que esto es inverosímil y que no es tiempo de hablar de nombres, mientras, hacia adentro, siguen hablando de nombres y de acuerdos potenciales. Por una sencilla razón: cada vez falta menos.
PELADO STREAM
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