15 Abr 09:32h
Seguramente lo presentarán como una decisión administrativa y de rutina, pero no lo fue. El desplazamiento de Franco Aranda de la presidencia de la Comisión de Hacienda y Presupuesto de la Cámara de Diputados por una orreguista santaluceña, Rosana Luque, marca un giro importante en esta segunda mitad de mandato.
Un giro en la estrategia política del oficialismo, que empezó la gestión con una marcada debilidad parlamentaria cuando contaba con apenas un tercio del recinto pero luego logró construir una mayoría propia merced a la alianza con los bloquistas y algunos desprendimientos de la oposición, dispuestos a colaborar.
Entre estos desprendimientos del peronismo estuvo Aranda. El líder del Frente Renovador se movió siempre con autonomía de los mandatos de Sergio Uñac y de José Luis Gioja. Desde esa posición de líbero se permitió acompañar algunas decisiones de Marcelo Orrego incluso cuando su interbloque le pedía que no lo hiciera.
El oficialismo le depositó una altísima cuota de confianza cuando le entregó la presidencia de la Comisión de Hacienda y Presupuesto, tan importante como la Comisión de Legislación y Asuntos Constitucionales o la de Justicia y Seguridad.
Aranda se convirtió en el administrador de esa comisión clave, anfitrión del ministro de Economía, Roberto Gutiérrez, ante cada presentación de Ley de Presupuesto, regulador de temas y de prioridades.
Su desplazamiento de esa posición de poder iniciando el periodo 2026 implica un cambio político en el reparto de fuerzas. Prima facie, Aranda se aleja y disipa toda confusión posible.
También desde el orreguismo el cambio en Hacienda y Presupuesto aclara los tantos. La nueva presidenta de la comisión es la reemplazante de Carlos Platero, hoy ministro de Familia y Desarrollo Humano. Es la diputada por Santa Lucía. No se diga más. Paladar negro.
Ese es el signo de todas las comisiones. O, al menos, de las más importantes. Sintonía fina y pertenencia indudable, en un contexto cada vez más volátil por las restricciones económicas y por la escalada de conflictos previsible.
Es lo natural. El clima político empieza a caldearse en la vigilia del 2027 electoral. Aranda no podría permitirse un acuerdo político con Orrego, aunque tengan una buena relación y se hayan entendido en los primeros dos años de gestión.
La incompatibilidad tiene procedencia nacional. Orrego sigue tanteando un frente con los libertarios y la próxima visita de Karina Milei a San Juan, en el contexto de la Expo San Juan Minera 2026, podría colaborar en ese sentido.
Mientras tanto, Massa se muestra cada vez más próximo a Axel Kicillof. Si bien Aranda pudo manejarse con total libertad, sin restricciones direccionadas desde Buenos Aires, los espacios empiezan a definirse sin margen de flexibilidad.
El 2027 no admitiría términos medios. Habrá que subirse a la polarización.
Cada vez que se le consultó a Aranda en Pelado Stream por su diálogo con el orreguismo, dijo que con el gobernador está todo bien pero el límite es Javier Milei.
Las elecciones legislativas del 2025 terminaron de separar las aguas. Aranda ratificó su pertenencia al espacio peronista. Un dirigente del Frente Renovador, Gabriel García, fue candidato suplente en la lista de Cristian Andino. Por lo tanto, rivalizaron con Producción y Trabajo. De eso no se vuelve.
O sí, porque la política es dinámica. Pero no será en este contexto previo al 2027.
Los basualdistas, hoy orreguistas, acompañaron la candidatura presidencial de Massa en 2015, cuando el tigrense era otro y se ofrecía como una alternativa para superar la grieta frente al kirchnerismo y al macrismo. La ‘ancha avenida del medio’ se perdió en el limbo y en 2019 Massa se sumó al Frente de Todos impulsado por Cristina. Fin.
Los caminos se separaron en lo nacional. En lo provincial sucedió lo mismo. Era cuestión de tiempo nomás.
PELADO STREAM
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