28 Sep 07:49h
En una cálida entrevista conducida por Celeste Williner en el programa ¡¿Quién sos?!, el reconocido disc jockey sanjuanino Javier Tapia repasó más de tres décadas de trayectoria dedicadas al arte de hacer bailar a distintas generaciones. Desde sus inicios con vinilos a comienzos de la década de 1990 hasta la creación de su propia empresa de técnica y puesta en escena, Tapia logró mantenerse vigente ante públicos de entre 20 y 70 años en bodas, cumpleaños y fiestas sociales.
El secreto de su permanencia radica en su constante evolución profesional y en la comprensión de los cambios culturales. Según explicó el artista, «bailamos como vivimos». La velocidad de la vida actual transformó la tolerancia musical del público: antes la gente escuchaba dos estribillos de un mismo tema, mientras que hoy exige transiciones rápidas e integraciones de varias canciones en un solo mashup. Para coordinar esa diversidad de edades y gustos en una misma pista, Tapia remarcó la importancia de observar de forma permanente a los presentes: «El DJ que mira para abajo no puede llegar a conectar con la pista nunca».
Su trabajo abarca un estudio cuidadoso del perfil de los invitados mediante redes sociales como Instagram para anticipar afinidades e interacciones. Asimismo, el profesional mantiene un marcado cuidado ético respecto al contenido de las letras con perspectiva de género, con la decisión firme de evitar piezas ofensivas para no herir susceptibilidades. La escena nocturna sanjuanina también mutó de manera profunda desde el año 2014, época en la que más de 15.000 personas salían cada fin de semana.
Hoy la preferencia viró hacia los bares, eventos privados, festejos de día, bodas de campo en zonas como Barreal e incluso la inclusión del folclore en las fiestas. Del mismo modo, en las fiestas de 40 y 50 años prima la búsqueda de hits virales por sobre las temáticas exclusivamente retro. A esto se suman los formatos extensos con after-parties hasta las 10:00 de la mañana e instancias previas como peñas o pre-bodas.
En su juventud, influenciado por los mandatos sociales de obtener un título universitario, Tapia cursó la carrera de Kinesiología y ejerció la especialidad en el área pediátrica. Sin embargo, su pasión por la música resultó determinante y lo llevó de regreso a los escenarios. Tras reflexionar sobre su vocación, expresó: «Todos los trabajos son sacrificados y si no te gusta es el doble sacrificado».
Más tarde, la pandemia de COVID-19 detuvo por completo su rubro durante un año y medio. Lejos de rendirse, el sanjuanino aprovechó ese período para reinventarse e invertir en iluminación, sonido de alta fidelidad y pantallas gigantes, hasta consolidar un servicio integral cuyo despliegue asombra a clientes internacionales de países como Italia y Francia que eligen San Juan para sus celebraciones. Frente al compromiso de cada fecha, el DJ sostuvo: «Son todas finales… no podemos fallar, no puedo perder ninguna».
Detrás de la fiesta existe una exigencia física y emocional semejante a una guardia médica, que demanda jornadas de preproducción, tareas de montaje y la supervisión personal e intransferible de cada evento. Esta dedicación implica la renuncia a viajes, reuniones familiares y momentos con amigos, donde el sostén incondicional de su pareja adquiere un valor esencial. A lo largo de sus años en el ambiente, Tapia atesora anécdotas inverosímiles, como discusiones de novios en plena fiesta, cambios de clima imprevistos o la falta de acople de bandas musicales en vivo.
Con fechas pactadas hasta con dos años de anticipación, su mayor satisfacción llega los domingos o lunes a través de las gracias de los agasajados. La periodista Celeste Williner sintetizó la entrega del artista al definirlo como «el DJ que deja todo por cada evento», una vocación viva en un ícono que marcó y mantiene su huella en la memoria festiva de San Juan.
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