La columna de Del Bono: El desarrollo argentino y su relación con el conocimiento

21:09h

Mundialmente se acepta que uno de los objetivos de todo buen gobierno es el “desarrollo nacional”, que consiste en el aumento de la producción interna de bienes y servicios (medida con el Producto Bruto Interno, o PBI) y en la distribución equitativa de los mismos para lograr el bienestar sostenible de la población. El objetivo de este artículo es enfatizar en la importancia del conocimiento para incrementar el PBI.

¿Cómo se hace para acrecentar el PBI? La teoría económica clásica enseña que el PBI es una función directamente relacionada con la existencia de capital productivo (K), o disponibilidad en máquinas, fábricas, campos, minas, pozos petroleros, infraestructura, etc.); con la cantidad de población económicamente activa (L) y con el conocimiento disponible (T), incorporado a K en forma de innovación tecnológica (para aumentar la productividad del capital) e incorporado a L en forma de nivel educativo y de capacitación laboral (para aumentar la productividad de la mano de obra).

La experiencia de los últimos cien años nos indica que más del 50% del incremento del PBI se explica, en el mundo entero, por el incremento del conocimiento disponible localmente y su incorporación a K y L. Por esta razón, especialistas del tema, como Peter Drucker, comenzaron a anunciar, en la década de 1960, que estábamos viviendo en “La Sociedad del Conocimiento”.

¿Y cómo se hace para aumentar el conocimiento disponible localmente? Básicamente, se logra a través de la actividad de investigación científica y tecnológica nacional, que en Argentina se realiza, un 70%, en organismos estatales (como Universidades Nacionales, CONICET, INTA, INTI, CNEA, CONAE, etc.) y el 30 % restante corre por cuenta de investigaciones que realizan algunas grandes empresas.

Esa es una de las razones por las que, gobiernos de países como Finlandia, Singapur, Corea del Sur e Israel (que hoy “juegan en primera”) comenzaron, desde 1960, a hacer sus mejores esfuerzos para financiar su capacidad de investigación nacional.Frente a esta realidad caben dos reflexiones.

La primera es que, para que el conocimiento esté “disponible localmente”, es necesario que buena parte del mismo pueda producirse localmente, porque el conocimiento de punta, aquel de cuya utilización depende que un país “juegue en primera” o sea seguidor colonial, no está a libre disponibilidad en el mundo para su adquisición, ya que los países poderosos que lo poseen no lo comparten.

La segunda reflexión tiene que ver con que no solo es necesario tener capacidad nacional de generar conocimiento relevante, sino también es necesario poder transferirlo al sector productivo y a la población, sobre todo a la económicamente activa, para la cual hacen falta buenas articulaciones entre organismos estatales de investigación y empresas y un muy buen sistema educativo nacional.

Lamentablemente, esta posibilidad argentina de apostar al desarrollo a través de la producción y utilización del conocimiento parece que es ignorada por nuestro Gobierno nacional. En efecto. Hay un evidente enfrentamiento del Gobierno con los organismos estatales como Universidades Nacionales, CONICET, INTA, INTI, CNEA y CONAE; a esto se agrega que los niveles de inversión nacional para financiar la actividad están en un mínimo histórico del 0,5% del PBI (70% a cargo del Estado y 30% a cargo del sector privado).

Solo para comparar, la inversión de Israel y Corea del Sur es del orden del 5% de sus PBI. Por otro lado se comprueba, a través de las evaluaciones estudiantiles en los niveles primario y medio, un creciente deterioro de nuestro sistema educativo nacional.

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Redacción PeladoStream
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